martes, 9 de agosto de 2011

Análisis de Dragon Ace II


No tengo intención de mentir… Contar su historia es lo mínimo que él se merece…

Título: Dragon Age II
Desarrollador: BioWare
Distribuidor: Electronic Arts
Género: RPG
Resolución máxima: 720p
Formato: PS3 – Xbox 360
Precio: 71.99 €
Fecha de salida: Ya disponible (10.03.2011)
Jugadores: 1 jugador
Juego online: No
Idioma : Voces en inglés. Texto en castellano.
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Todos conocemos Dragon Age, algunos más, otros menos, pero sin duda es conocido por todos que ha sido uno de los juegos de rol que más impacto ha causado a sus jugadores, situados en una generación donde dicho género no abunda.
Una aventura épica, digna de ser llamada “el sucesor de Baldur’s Gate“, que combinaba personajes a la altura de las mejores novelas con un guión digno de elogio o un mundo más que trabajado, con sus propias normas, temores o problemas, que nos hacía sentirnos participe de algo grande. Todo acompañado de un sistema de combate impecable que adaptaba el género a la época actual sin hacerle perder su esencia. Un curioso punto de inflexión para la industria, reconocido tanto por prensa como por público.
Apenas un año después se nos mostraba el tráiler de la secuela de dicho hito, en esta ocasión BioWare estaba dispuesta a hacer una segunda parte que supliera los ínfimos fallos que poseía su soberbio Dragon Age: Origins, pero, con el paso del tiempo, se vio como la acogida no fue unánime, el público miraba receloso ésta segunda parte…
¿Qué provocó los malos pensamientos acerca de su secuela? ¿Por qué los usuarios se han mostrado desconfiados desde dicho anuncio?
¿Tanto nos hemos alejado al final del concepto marcado por Dragon Age: Origins?
Acompañadme… Os mostraré lo que la secuela de uno de los mejores juegos de rol de todos los tiempos tiene que decir sobre esto…



 Historia:

El juego narra de manera brillante, como BioWare ha demostrado saber hacer anteriormente (en juegos como Mass Effect), el ascenso de un pobre refugiado fereldeno, Hawke, que escapa de la reciente quinta ruina a la que nos veíamos expuestos de manera directa en el primer Dragon Age, a lo más alto del escalafón social, todo desde la boca de uno de sus 6 principales aliados, Varric, con la intención de hacer descifrar a su receptor dónde se encuentra el, ahora denominado, “gran campeón“.


En esta ocasión, con tal de llevar la historia un poco más guiada, o de aumentar el número de cambios que producimos en ella, los más veteranos van a echar de menos uno de los detalles más característicos de la primera parte: los orígenes. Nuestro protagonista podrá ser sólo de una de las tres clases principales, tendrá un editor bastante limitado e incluso un pasado predefinido.
Sin duda es un bonito detalle que nos hubiera vuelto a encandilar o que hubiera aumentado la rejugabilidad del título en grandes dosis pero aun así, el objetivo se logra. Durante la aproximadamente una década en la que transcurre el juego a lo largo de los tres actos en los que se divide, entre los cuáles existen saltos en el tiempo, asistimos a las consecuencias de nuestras decisiones como pocas veces hemos hecho. Todo lo que hacemos, sea parte de la historia principal o de una mera misión secundaria se verá reflejado a la larga.
Esto hace que asistamos a algunas de las misiones secundarias más elaboradas de la generación, que aparecen a lo largo de los tres actos, haciéndonos ver las consecuencias de nuestra actuación anterior e incitándonos a volver a participar.


Y es que, como hemos dicho antes, BioWare ha demostrado ser una maestra de la narración, que da clases a otros estudios con cada nuevo juego. Puede que ahora no nos enfrentemos a hordas de demonios, ni que el destino de la humanidad esté en nuestras manos, como pasaba en el primer juego, pero han sido capaces de hacer que la aventura, de corte más “humana”, nos haga emocionarnos aún más si cabe, sintiéndonos participes de una familia, de un grupo de amigos, de una ciudad, todos con sus propios problemas.
Cabe destacar, en esta ocasión que nuestro personaje por fin habla, e incluso usa el mismo truco que hemos visto en Mass Effect, en donde, nos llamemos como nos llamemos se nos nombra por el apellido, evitando así complicaciones sin ensuciar el resultado final.
Así pues el juego nos hará recorrer todo tipo de momentos, desde nuestra desesperada huida de Ferelden, nuestro hogar, debido a las hordas de engendros tenebrosos, el agolpamiento a las puertas de nuestro nuevo destino, en busca de una oportunidad, que hemos de demostrar que merecemos o los inmundos trabajos a llevar cabo para sobrevivir en las calles, en busca de unas cuantas monedas hasta viajes a reinos sin explorar, presenciar conflictos políticos o vivir de primera mano numerosas pérdidas.


A lo largo de dichas misiones formaremos el carácter de nuestro protagonista, que dependerá de nuestras decisiones, pudiendo ser desde el más férreo o codicioso de los hombres al más amable o simpático. Y todo se lleva a cabo de la mano de la conocida ruleta de respuestas tan perfeccionada (a pesar de seguir en proceso de refinamiento e investigación) que ha usado BioWare en todas sus obras.
El mecanismo es fácil de entender. Por un lado tenemos las respuestas “extra” que no harán progresar la conversación, que sólo buscan acercarse e intimar más con alguien o investigar más aún un suceso, a la derecha, enfrente, las respuestas que sí la hacen desarrollarse como debiera. Ante nosotros se nos darán habitualmente tres opciones por las cuales podremos mostrarnos amables, irónicos o bruscos, a pesar de que luego pueden surgir otras que nos hagan atacar a alguien, filtrear o dar un objeto o una suma de dinero.



El sistema se desenvuelve bien en la práctica, pero hemos de decir que acaba siendo bastante simple, a pesar de que nuestro personaje no diga la frase tal como la elegimos, sabemos perfectamente antes de hablar si nuestra respuesta complacerá o no a nuestro receptor, e incluso se nos antoja fácil saber el tono debido a los iconos que acompañan a las respuestas, al ser obviados (en los momentos álgidos de la trama principal) nos hacen pararnos a reflexionar sobre la respuesta a dar pero, lamentablemente, las veces que ocurre esto se pueden contar con los dedos de una mano.
Hemos de mencionar a nuestros aliados, un numeroso elenco de personajes, seis en general, que viven con nosotros los sucesos como pocos personajes lo hacen. Como en la primera parte del título, podemos recorres los bastos rincones de Thedas, el mundo donde se ambienta con otros tres personajes, que hemos de elegir bien. En primer lugar cabe destacar que cada uno tiene su propio pasado, algunos incluso son conocidos de la primera entrega, del cual podremos indagar en las casas o lugares donde se reunen cuando no están de “servicio” con nosotros. Allí podremos conversar con ellos, indagar sobre sus problemas o temores, fisgonear acerca de su pasado o incluso filtrear. Si a esto le sumas el medidor de amistad que BioWare ha colocado a cada uno de ellos, en esta ocasión más realista que en el anterior título, en el que con hacerles un regalo disparabas su felicidad, o que son capaces de pedirnos que les echemos una mano, disponiendo así de sus propias misiones secundarias, estamos ante unas relaciones que poco a poco se van estrechando, desprendiendo carisma, haciéndonos encariñarnos o desdeñar a unos o a otros.


Es curioso ver como mientras paseamos por la ciudad los personajes hablan continuamente entre sí, variando su conversación continuamente, incluso dependiendo de con quien van, haciéndonos pasar momentos delirantes en algunos casos o de tensión. Incluso podemos contar con ellos para que resuelvan una situación o para que nos den su opinión ante una decisión.
Lamentablemente, hemos de sumar al nulo editor de nuestro personaje, a las pocas clases existentes o a la ausencia de “orígenes”, el hecho de que no podemos interferir en el vestuario de dichos compañeros, que lo eligen a su antojo.


En definitiva podríamos decir que el argumento del título se eleva sobre el resto de los apartados, al estar llevado de forma magistral, emocionarnos como pocos con un guión elaboradísimo, unas personajes profundo como ello solos o unas situaciones realmente épicas.



Sólido. Si tuviéramos que definir con una palabra el apartado gráfico del juego elegiríamos esa, sin dudar.
Como paso con el primero nos encontramos ante un título que no busca ser un referente gráfico, ni lo consigue, obviamente, con la diferencia de que esta segunda parte se hace mucho más vistosa visualmente que el anterior.
Nos encontramos ante una grata mejora, a pesar de las primeras impresiones, en lo que concierne al juego en este apartado.
Los personajes, por su parte, lucen mucho mejor que en su precuela a lo que, sumándole unas animaciones faciales bien logradas, podríamos decir que es un gran avance o progreso, pero, lamentablemente, las animaciones corporales no están a la altura de las circunstancias, siendo tan repetitivas como bruscas, con movimientos raros o robóticos, que hacen que el juego se quede a las puertas de un notable más alto o de un sobresaliente en este apartado.

Nos apetece haceros ver más en profundidad que las animaciones faciales son verdaderamente loables, perfectamente recreadas, que transmites mucho sin ni siquiera leer la frase con la que van pero que a la hora de las corporales no ocurre lo mismo, ensuciando el resultado final.
Los escenarios en esta ocasión, a pesar de repetirse continuamente, cosa que veremos más adelante, están mejor recreados, e incluso se atreven a intentar simular que están llenos de vida.
Pongamos el ejemplo más claro, Kirkwall, la ciudad donde habitamos toda la aventura, un lugar lleno de gente, que va a ver al conde, a la capilla, al mercado, o simplemente son aldeanos o guardias dando una vuelta. Incluso tienen el valor de soltarnos algún comentario si pasamos cerca de ellos. Si es cierto que muchas veces esto no se consigue, estando ante escenarios vacíos pero la intención es buena, sumado a un resultado notable, dice mucho de BioWare.


Pero, más allá de esta recreación de la ciudad, llena de vida, con cierto popping todo sea dicho, destaca la recreación de la tradición de Theras en los lugares que visitamos, con múltiples referencias a la cultura del lugar, incluso haciendo gala en Kirkwall de una arquitectura asombrosa en todo momento, que termina de demostrar que en esta ocasión la desarrolladora se ha puesto las pilas en cuanto al apartado artístico se refiere.
A la hora de combatir se hecha de menos la variedad de aldeanos existentes, pues los enemigos más que parecerse son exactamente los mismos, pero como dijimos con los escenarios, lo veremos más adelante.
Los combates derrochan efectos especiales, algunos más logrados que otros, todo sea dicho, pero por encima de todo premia la sangre, el gore.


Curiosamente asistimos a sangrientos remates finales, desmembramientos o explosiones por parte de los enemigos, que impregnan la armadura. El título busca volverse mucho más adulto pero a veces, nos hace pensar si este detalle no busca ser cómico o una irónica crítica al mercado, dada su exageración.
En lo que respecta a los demás, las mejores en el fuego son notables, el hielo destaca como uno de los elementos mejor recreados, el aura o las explosiones cumplen sin demasiados alardes.
Por último, hemos de mencionar el especial mimo que ha puesto BioWare a los cielos de Theras. Si bien el juego no destaca por su iluminación, aparentemente nula, los cielos están magníficamente recreados, como si estuvieran pintados a mano. Observarlos cada cierto tiempo es fascinante.
El juego luce nítido, fluido, sin bajadas de frames escandalosas, ni problemas técnicos grandes, obviando el tan común en esta generación, el popping.


Así pues, en definitiva, el juego ha mejorado ampliamente en este aspecto, sobre todo en su orientación artística, pero no termina de exprimir al máximo el software del que dispone.
Y es que, puede que Dragon Age II no pase a la historia por el alarde técnico que tiene, pero si podemos decir que cumple a la perfección su cometido, haciéndose vistoso por momentos.

Sonido:

BioWare lo ha vuelto hacer. Podríamos dejar este apartado aquí, animándoos a que lo descubirerais por vosotros sólos, pero esque es digno de mención.
Con un doblaje (en inglés, como viene siendo habitual) soberbio, donde las voces, pocas veces repetidas para lo que viene siendo un juego de rol, son de una factura sobresaliente, hemos de sumarle la del protagonista.
Si bien es cierto que echamos de menos voces como la de Morrigan que formaban un elenco de dobladores sobresaliente, no nos podemos quejar más de que no llegue traducido.
Las voces son perfectas, no se le puede pedir más, a la altura de toda superproducción.
Además BioWare demuestra su buen hacer en este apartado de nuevo al conseguir que las voces sigan el ritmo marcado por los labios.
Pero no es por esto por lo que destaca este ámbito, no es por las voces perfectas, sino por la banda sonora del título, magistral en todos sus sentidos.

A la altura de toda película, con una tema para cada momento, en un derroche de genialidad, así como de  epicidad, la banda sonora se mantiene a la altura del juego original, justificando  la compra de una edición especial si es necesario. BioWare demuestra ser toda una veterana.
Transmite todo lo que otros no pueden transmitir ella sola, se echa a la espalda el peso de deber emocionar a un jugador que se conoce el mundillo, que no esta dispuesta a dejarse sorprender.



Por contra, los sonidos ambiente no están tan logrados, restando unos puntos a un apartado sobresaliente aun así. Todas las armas, conjuros, o movimientos con distinto equipo suenan igual, e incluso se nos hace algo soso si no tenemos una melodía de por medio.
No se nota en exceso pero para los más exigentes será un punto negativo que lastrará un poco la experiencia de combatir en un mundo de tal magnitud.

Jugabilidad

Llegamos al último de los apartados de este análisis, uno de los más difíciles de comentar dada la confrontación que provoca entre los usuarios.
¿De verdad a quién no le gustó Dragon Age: Origins le gustará el segundo, pero a los que les gustó no lo volverá a hacer?
Sin duda nos encontramos ante la cuestión a la que muchos le han dado vueltas. Si bien es cierto que el juego es mucho más accesible, que simplifica en grandes cantidades las cosas, sigue convirtiéndose en todo un reto superarlo en las dificultades más altas que nos ofrece.
Un punto digno de mención, todo sea dicho. Las dificultades están diferenciadas como pocos juegos lo hacen, ofreciendo experiencias totalmente distintas entre sí.
En la más fácil, poco o nada se necesita saber para progresar, con un sólo personaje en nuestras manos nos bastamos de seis habilidades para lidiar con las hordas de enemigos, recuperándo nuestra vida a base de pociones para los combates más largos.



Si subimos un escalón en la dificultad nos encontramos en el modo táctico más fácil. Si bien para sobrevivir hemos de parar el juego en múltiples ocasiones para pensar nuestro siguiente paso, hacer uso de todos los personajes del grupo, o ver la estrategia más adecuada, todo se puede conseguir sin demasiada dificultad, a excepción de algún que otro combate final dificilillo.
Subimos una más. Nos adentramos en uno de los verdades desafíos del juego para todos los que dicen que es demasiado casual para el género rolero. No bastará con hacer todo lo mencionada en el apartado anterior, ahora también tendremos que dictaminar un comportamiento a los aliados en el menú principal, que les diga que deben hacer en cada momento de la pelea, dónde no podremos manejar a todos al mismo tiempo.
Y por último: pesadilla. Una auténtica odisea, en la que habrá que ser un auténtico experto para lidiar con los enemigos, obtener el mejor equipo, las mejores armas, saber que parámetros debemos mejoras si queremos mantenernos vivos aunque sea unos minutos…
Así pues las dificultades podrían marcar la diferencia entre la pregunta hecha al principio del apartado. BioWare ha sabido llevar su aventura a los más distantes al género rolero pero sin olvidarse de todo el público que tiene detrás, ansioso de nuevos desafíos, pero no se le ha reconocido dicho logro, nada sencillo, habiéndole atribuido simplificar el título, sólo. La simplificación está ahí, presente en todo momento, pero depende de nosotros, cuando elegimos la dificultad, que nos afecte o que no.


Disponemos de tres clases a la hora de jugar, bien diferenciadas, pero que se antojan algo escasas. El guerrero, con el poder de combate más elevado así como más vida, en el que recaen las distracciones al enemigo o el causar heridas significativas tanto en un enemigo como en las filas de estos. El pícaro, por su parte, es especialista en atacar por la espalda, a enemigos despistados, en aturdir o en abrir los numerosos cofres del juego. Por último, el mago, el más divertido de manejar, que nos ofrece poderosos conjuros de larga distancia a cambio de estar al borde de ser poseído por los temidos demonios.
Al subir de nivel podremos mejorar los conocidos atributos de los personajes, clásicos como fuerza, destreza, magia, astucia, voluntad o constitución, para luego aprender una de las habilidades de los numerosas ramas disponibles para cada clase de personaje, que además tendrán una exclusiva para cada uno, el mago, por su parte, dispondra de magia Elemental, Primordial, de Espíritu, Arcana, de Entropía o de Creación. El pícaro puede optar a las aptitudes de Sabotaje, Especialista, Subterfugio, Bianca,  o Tirador. Y el guerrero pude combatir mejorándose en Dos Manos, de Vanguardia, Defensa, Belicista o de Maestro Batallador.


Sin tener la opción de volver a gastar todos los puntos de progreso, hemos de elegir bien en que depositar éstos, que no escasearán, pues el juego propone un avance fácil, que hace que subamos de nivel sin desearlo, sin necesidad de entrenar o practicar, así pues, podremos llegar al nivel 15, casi acabando la historia, sin hace mucho más, pero para los más exigentes que no se preocupen, podrán demostrar su habilidad llegando al nivel 30, ardua tarea, que un servidor no pudo completar, quedándose en el 25.
El combate sigue la estela de su antecesor, como hemos dicho antes, en la piel de nuestro personaje iremos con 3 de nuestros 6 aliados, los cuales hemos de elegir de manera equilibrada en los niveles de dificultad más altos. En mitad del combate, podremos acceder a 3 habilidades asignadas anteriormente a los principales botones, e incluso si mantenemos un botón éstas serán sustituidos por otras 3 hasta que lo soltemos. Por supuesto al subir de nivel deberemos decidir bien que habilidades asignar, dado que ganaremos más de la que podemos asignar.
Manteniendo pulsado uno de los gatillos podremos acceder a la famosa rueda que hace las veces de menú, que para el tiempo mientras la mantengamos activa, allí podremos acceder a los venenos comprados o hechos, a las “granadas” que también hemos podido conseguir de esas formas, a las pociones o a las habilidades que no tenemos asignadas.


Todo esto para cada uno de los cuatro personajes disponibles.
Así pues viajamos por el mundo de Theras, combatiendo contra una variedad de enemigos superior a la de Dragon Age: Origins que suple el repetir enemigos iguales durante un combate a cambio de meter a más por pantalla, todo fluidísimo, como remarcábamos antes. Lamentablemente con los escenarios no pasa igual, BioWare parece haber optado por el camino fácil en esta ocasión, llevándonos a visitar los mismos escenarios continuamente, no de manera natural, como pasa con la ciudad de Kirkwall, sino obligados, a la hora de viajar a todo tipo de cavernas, bosques o simplemente al entrar en las casas, cada elemento cuenta con una plantilla que solo varía en la situación de los objetos o los enemigos que tenemos dentro.
Esto vuelve el juego monótono por momentos, llevando las brillantes misiones secundarias a ser repetitivas si basan varios de sus objetivos en, por ejemplo, explorar un par de cuevas, pues serán ambas iguales.

Todos estos viajes se hacen a través del conocido mapa, mejorado para la ocasión, que aporta un ciclo día – noche de agradecer, que cambia los escenarios visitados, volviéndolos más peligrosos por la noche  . Entre todos ellos asistimos a tiempos de carga con una duración que oscila entre uno, dos minutos, que se hacen abusivos por momentos.


Esto se extiende durante las aproximadamente 30 horas que nos dura el juego en una dificultad media, sin hacer demasiadas misiones secundarias, cifra que puede duplicarse de dedicarnos a esta o a completar los múltiples desafíos que ofrecen los logros o trofeos del juego. A pesar de todo, dada la duración de su antecesor, esta cifra se nos antoja escasa, ni siquiera el argumento esgrimido por el estudio de que “a cambio habrá más DLC” nos parece que justifique dicho acto.
 Conclusion

Dragon Age II demuestra ser un digno heredero de su predecesor, que se sitúa entre los mejores del género, como casi todos los títulos de BioWare. Estamos ante un título que puede ser tan sencillo como complejo, lo que le permite ser calificado como accesible, todo un logro.
El juego cuenta con múltiples mejoras en todos sus apartados, que lo vuelven más sólido, reafirmandolo como un juego a seguir, que van desde el apartado técnico al jugable pero si es cierto que debemos mencionar que pierde algunas de las cosas que más carisma daban a la franquicia.
¿Es entonces superior a su precuela? Lamentablemente la respuesta es difusa. Es un paso adelante, sí, todo se ha de reconocer, el espíritu se mantiene intacto mientras se le aportan más mejoras pero contiene demasiados fallos a perdonar, bastante graves, que tiran por la borda parte del avance que parecía haber dado BioWare, como los pocos escenarios o la duración del juego.
Si vamos más allá de esta pregunta podemos decir que es un título notable, que nos hará pasar buenos momentos a los mandos, por su impresionante ambientación, que nos atrae más por momentos. Todo seguidor del género debería darle una oportunidad porque lo que es seguro es que no dejará indiferente a nadie.
Sólo podemos frotarnos las manos ante la rumoreada tercera parte de la saga, que si mantiene la esencia de Dragon Age: Origins, le aporta las características de Dragon Age II para luego restarle sus errores, puede ser el juego de rol de la generación.

Positivo:
   

Las numerosas mejoras tanto en el apartado técnico como jugable.
Las dificultades, bien diferenciadas, cada una es un mundo.
Theras, el mundo en sí, toda una obra de arte de BioWare.
El argumento, llevado de manera perfecta.
Las misiones secundarias, geniales.
Los personajes principales.
 a BSO, sublime.


Negativo:

Los diálogos, se antojan algo previsibles o fáciles.
Los escenarios, que se repiten constantemente.
No existen “orígenes” para el protagonista.
La duración, inferior a la de su precuela.
Las nulas opciones a la hora de editar.
Las continuas cargas. 

Fuente: Ps3p

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